La Comunidad de Madrid pudo vivir el primer domingo de abril una doble fiesta: el recuerdo de la entrada de Jesús en Jerusalén y la visita de un Apóstol, esta vez, desde Venezuela.
Para el Servicio Divino, el Apóstol se basó en la palabra de Juan 12: 15-16 y, tras la lectura de este texto, una futura confirmante pudo leer un pasaje especial para ese día, ubicado en Lucas 19: 28-40. En ambos casos, textos que dan cuenta de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
El Apóstol empezó el Servicio Divino explicando la alegría que había en el corazón de muchos cuando Jesucristo entró en la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, muchos cambiaron pronto aquel sentimiento. Ellos esperaban que Jesús cambiase todas sus cosas y que sus vidas fueran a mejor, pero la preocupación de Jesús era muy distinta a la que tenían los hombres. «Mi reino no es de este mundo», les dijo.
Cuando conmemoramos este día, es importante que podamos mantener la alegría y el gozo, comentó el Apóstol. Cristo hablaba con todos: fariseos, publicanos, judíos... No hizo ninguna excepción. Habló con los que no cumplían la ley: los corruptos como Zaqueo o la mujer adúltera. Le dio una oportunidad al ladrón que estaba en la cruz. Él no juzgó a nadie. Jesús nos ama y nos enseña, pero no nos obliga ni nos exige. Deja al hombre la libertad para tomar su propia decisión.
Ante la mujer adúltera Jesús no emitió juicio alguno sino que le dijo a la mujer: «Si nadie te condena, yo tampoco. Vete y no peques más». Él quiere que tú y yo cambiemos y mejoremos en la vida de fe, que no demos nada por sentado y que podamos tener una buena relación con Dios, mediante nuestras obras y nuestros actos, dijo el ministerio. Pero no para ser mejor que nadie sino para ser una ayuda para otros que la buscan, agregó.
Jesús dio una oportunidad a todos los hombres
Cuando Jesús entró en Jerusalén, la oportunidad era para todos. ¿Estás dispuesto tú a dejar y sacrificar lo que tú quieres para servir al Señor?, preguntó el Apóstol a los presentes. Debemos dejar lo que a nosotros nos gusta para servir a Dios porque cuando lo hacemos, mostramos a Dios que queremos sacrificar algo.
Cuando Jesús murió quienes se prepararon para la resurrección no fueron los suyos. Los que sí lo hicieron fueron los que menos se esperaba: los Romanos. Estos oyeron que Jesús había muerto y pusieron la piedra más grande delante del sepulcro junto con un soldado para que no robaran su cuerpo y luego dijeran que había resucitado. Miremos con gozo al futuro con el anhelo de encontrarnos con nuestro Dios, alentó el Apóstol a la comunidad, mantengámonos con alegría en la Obra. Pero esto debe salir de cada uno, de cada corazón.
Antes del activar del Pastor dirigente, los niños cantaron Junto a ti oh Señor, qué feliz estoy, guías tú mis pasos Señor.
El pastor resaltó la alegría de tener a un Apóstol en la comunidad. Sobre la palabra para el Servicio Divino, agregó que la entrada a Jerusalén tocó el corazón de muchos pero este no era el momento más importante sino todo lo que siguió después.
El dirigente preguntó a los niños si creían que Jesús hubiera podido hacer hablar a las piedras y, tímidamente, alguno contestó que no. El ministerio aclaró entonces que Jesús tenía el poder de hacerlo. Jesús siempre y en cada momento dijo la verdad. Lo que escuchamos en el Servicio Divino es lo que el amado Dios nos quiere decir y lo que necesitamos para lograr nuestra meta, agregó el Pastor.
Para finalizar, el Apóstol comentó lo hermoso que es cuando podemos hablar con nuestro Padre Celestial de manera abierta y tener una conversación verdadera.
Tras el Servicio Divino, el Apóstol saludó a todos los presentes y luego pudieron disfrutar juntos de un tentempié preparado por algunos padres para el disfrute de la comunidad.